Hace unos días se publicó la
relación de las nuevas Zonas de Especial Protección (ZEC). Entre ellas
figuraban varios ríos andaluces como Guadalmez en Córdoba; el Gudiamar
en Sevilla y Huelva; el Guadiaro y
Hozgarganta compartiendo Cádiz y Málaga;
el Guadiaro, Guadalevín, Guadalmedina, Guadalhorce, Fahalas y Pereilas,
Fuengirola, Real, Manilva, Castor, Verde, Guadaiza, Guadalmina, Guadalmansa y del Padrón en Málaga; Antas y Adra en
Almería. Junto con la declaración, se aprueban también los planes de gestión de
estos espacios. De vigencia indefinida y evaluación cada seis años, estos
documentos establecen las normas para compatibilizar la preservación de los valores
ecológicos con los usos y aprovechamientos de los parajes.
Que estos ríos gocen de esta protección
ambiental nos parece una buena una buena noticia. Pero lo que no alcanzamos a
comprender es que el río Castril en su curso bajo, que reúne las mismos o
mayores valores naturales (potencial conectividad ecológica, fauna en peligro
de extinción –la variedad de la trucha común- , de alto valor ecológico como la
nutria y los invertebrados, el bosque de ribera, etc.) que la mayoría de los
ahora protegidos, no aparezca en esa lista. Las administraciones y la Junta han
desoído las peticiones que se han realizado en tal sentido y en ningún momento
han pedido para el río Castril, en su curso bajo, la inclusión como lugar de
importancia comunitaria, zona LIC, para ser incorporado a la Red Natura 200 en
Andalucía. Así, era sabido que no podría aparecer en este nuevo listado de
espacios protegidos como ZEC.
Hay pendientes otras peticiones, como la
ampliación del parque natural Sierra de Castril incorporando el valle del río
en su curso bajo hasta el embalse del Negratín. Esta petición, trasladada a
varios de los municipios afectados por una posible integración con un futuro
parque natural Sierra de la Sagra, es la que tendría que concentrar los esfuerzos
para asegurar el río Castril como un río vivo.